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Por el 31 de enero de 2014 - RSE blog

La creación de valor compartido (Shared Value en Inglés) es un concepto de gestión económica que permite vincular el mejoramiento de las condiciones sociales a la rentabilidad económica de una empresa. Este concepto fue inventado en 2006 por Michael Porter, profesor de economía en la Universidad de Harvard. Él creía que la responsabilidad social corporativa (CSR) no constituía un  instrumento suficientemente eficaz para resolver los problemas sociales y que los principios de la RSE son incompatibles con la estrategia de desarrollo económico de las empresas, es decir, su razón de ser.

En efecto, las empresas rara vez integran temas sociales en su estrategia de rentabilidad y esto afecta en gran medida su idoneidad. Estos temas son a menudo de manera indepediente, con el único objetivo de reducir los obstáculos que pueden conducir a un bloqueo de las operaciones, afectar la reputación de la empresa o simplemente para cumplir con las normas legales.

Definición

Porter define la creación de valor compartido como el conjunto de políticas y prácticas que permiten aumentar la rentabilidad y la competitividad de una empresa, al tiempo que mejora las condiciones sociales y económicas de las comunidades en las que opera. Es un concepto que comprende no sólo principios sociales, tales como responsabilidad social y ambiental y desarrollo sostenible, sino también principios puramente económicos del modelo capitalista. Para relacionar estos grandes principios, Porter propone utilizar el concepto de “valor”, el cual en economía se refiere a los beneficios asociados a los costos incurridos. El objetivo del valor compartido consiste en este sentido en generar “valor” económico que beneficie tanto a la empresa como a las comunidades. Dos tipos de acciones permiten a la empresa lograr estos objetivos: las acciones para satisfacer las necesidades de una comunidad y aquellas que aportan soluciones prácticas a problemas sociales. En el enfoque de Porter, estas intervenciones constituyen oportunidades de negocio.

Tres ejes

Empresas de gran tamaño han demostrado que este enfoque es capaz de generar resultados económicos rentables para ellas y garantizar el desarrollo sostenible de las comunidades. Porter, identifica tres maneras para crear esas oportunidades de negocio:

1 – Redefiniendo productos y mercados: Esto permite abrir otras oportunidades de negocio en base a los ingresos que provienen de la sociedad y el medio ambiente. La compañía Intel por ejemplo, ha establecido un programa de capacitación tecnológica a miles de profesores de todo el mundo, con el fin de promover la integración de la tecnología en las salas de clase. Esto también se ha traducido en un aumento de la demanda de computadores en las escuelas.

2 – Redefiniendo la productividad en la cadena de valor interno: una empresa puede aumentar la calidad de sus productos y servicios, mejorar su oferta, optimizar el uso de los recursos y reducir sus costos. Así, el grupo Intercontinental tomó varias medidas para reducir el consumo de energía, agua y residuos en sus hoteles. Esto no sólo tuvo el efecto de reducir su impacto ambiental, sino también en gran medida de reducir los costos asociados.

3 – Promoviendo el desarrollo de la comunidad local: de esta manera, también aumenta la productividad de las empresas. Por ejemplo, la compañía Nestlé desarrolló un amplio programa de asistencia y capacitación a los agricultores locales para el desarrollo rural. Esta iniciativa ha sido beneficiosa para Nestlé: los agricultores están mejor equipados, ahora son más capaces de suministrar a la empresa productos de alta calidad.

La creación del valor compartido en la industria minera

El concepto de valor compartido parece, a priori, bien adaptado al contexto de la industria minera, que opera a menudo en zonas remotas donde los problemas sociales son de enormes proporciones: sistema de transporte ineficaz, sistema eléctrico deficiente, alimentación deficiente, malos suministros de hidrocarburos, distribución desigual de alimentos, falta de acceso a agua potable, etc. Una empresa minera podría, por ejemplo, construir una instalación médica para sus necesidades internas, pero igualmente extender los servicios a las comunidades de los alrededores. Esto a la vez satisface las necesidades de las personas y de las comunidades locales. Igualmente, una compañía de gas en un área remota podría beneficiarse con el desarrollo de empresas locales de aprovisionamiento de hidrocarburos para protegerse contra la volatilidad del precio y el carácter imprevisible de distribución internacional.

Varias empresas como Chevron y Rio Tinto, son socios en la búsqueda de soluciones basadas en este concepto. La FSG, una comunidad de práctica sobre el valor compartido, lanzó en Julio de 2013 un estudio sobre su aplicación en la industria minera.

Lamentablemente, las iniciativas de las grandes compañías mineras son aun remotas en esta área. Una de las razones es que la integración del concepto en las políticas económicas de una empresa es un proceso relativamente complejo que requiere un esfuerzo constante de comunicación y de relaciones con los diferentes actores internos y externos. El proceso también implica un cambio de la dinámica, inscrita en el corazón de la estrategia económica de las empresas, que no puede funcionar a menos que el compromiso sea a largo plazo y apoyado por políticas internas coherentes. Sin embargo, la experiencia de las empresas pioneras en esta área demuestra cómo el ejercicio vale la pena, ya que una vez aplicado, el concepto de valor compartido ofrece un enorme potencial en el plano económico y social.

Medir el valor compartido

¿Cómo diferenciar la evaluación del desempeño de un programa de inversión social y el funcionamiento de una estrategia de negocio como la de valor compartido? Actualmente, una multitud de programas y técnicas permiten medir las iniciativas sociales y ambientales, las auditorías externas de organizaciones, la Corporación Financiera Internacional (IFC) o estándares como el Global Reporting Initiative (GRI). Estas técnicas son cada vez más adoptadas por las empresas y constituyen un excelente medio de control de las diferentes iniciativas, permitiendo el mejoramiento continuo. Diferentes áreas son tomadas en cuenta: el desarrollo sostenible, los estudios de impacto, los alcances de la reputación e incluso el cumplimiento (compliance). Sin embargo, los indicadores de desempeño hacen poca o ninguna referencia a los beneficios económicos que estas acciones sociales o ambientales pueden causar. El valor compartido, permite asociar los indicadores sociales a los indicadores financieros de la compañía.

En lugar de eliminar los sistemas de medida actuales, Porter propone adaptarlos y hacerlos evolucionar  para tener en cuenta las estrategias de valor compartido que forman parte de los planes de gestión de las empresas.

En Borealis, creemos que los sistemas de gestión de información que permiten almacenar, medir y reportar la mayoría de los estándares existentes, (tal como Boréalis), pueden ser fácilmente adaptados con el fin de integrar el concepto de valor compartido. Para lograrlo, simplemente se debe hacer coincidir la información de los diferentes módulos con indicadores específicos, vinculando las iniciativas sociales y medioambientales al desempeño de los negocios y a la rentabilidad de las compañías.

Información relacionada (solamente en ingles) :
Articulo de Harvard Business Review
Sitio de FSG
Sitio de Shared Value Initiative

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